jueves, marzo 31, 2005

Historia de Asia: El viejo de la montaña.-

Transcribo un interesante artículo de la Universidad de Sinaloa, firmado por Luis Antonio Martínez Peña y tomado de la Revista Mar y Tierra, acerca de este legendario personaje.-
E.Hyde.-

LOS AASSISSIN DEL VIEJO DE LA MONTAÑA.-


En el libro primero, capítulos XLI al XLIII del Libro de las Maravillas escrito por micer Marco Polo, hace constar la existencia de una región del Asia, enclavada en las montañas al sur del Mar Caspio, la cual estaba habitada por hombres desalmados que cometían crímenes horrendos obedeciendo la orden de su jefe. Estoshombres eran conocidos con el nombre de los asesinos, palabra derivada del árabe cuyo significado en aquella lengua es el de “bebedor de hachís” una preparación narcótica hecha de las hojas y sumidades (cola) de la marihuana. Los bebedores de hachís eran capaces de cometer los crímenes que se les ordenara y bajo esta dependencia su jefe los mantenía fieles a su lado. Al recoger este dato, nuestro autor explica que el jefe de aquella región era conocido con el apodo del Viejo de la Montaña.
El reclutamiento de los integrantes de la banda se hacía entre hombres jóvenes y de origen humilde, con edades que oscilaban entre 12 y 20 años, habitantes de aquellas montañas desoladas y miserables. Cuando eran escogidos para el servicio, estos eran narcotizados y conducidos individualmente a un jardín que el Viejo llamaba el Paraíso, haciéndoles creer que lo que allí veían efectivamente era el paraíso prometido a los musulmanes por el profeta Mahoma en el Corán. Cuando los jóvenes despertaban de su sueño se encontraban rodeados por una vegetación exuberante y de fuentes donde manaba el agua en abundancia; cuenta la leyenda que había muebles de maderas finas, ricamente forrados de seda, así como charolas, jarras y vasos de oro y plata adornados con pedrería preciosa; el jardín estaba ingeniosamente dotado de cañerías por las cuales corría leche, miel, vino y agua cristalina; había también abundancia de frutas y todo tipo de alimentos, gentilmente servidos por doncellas, las más bellas y graciosas del mundo, las cuales cantaban, bailaban y regocijaban en todos sus deseos a los deslumbrados huéspedes del Viejo quienes no imaginaban que sobre la tierra existiese tal cantidad de bienes y deleites.
Pasado algún tiempo se volvía a narcotizar secretamente a los jóvenes y eran conducidos ante el jefe. Al despertar en los aposentos del palacio del Viejo los jóvenes contaban a los presentes su experiencia y no dudaban en decir que habían estado en el paraíso ante el asombro y maravilla de sus escuchas. Los jóvenes reclutas reconocían que sólo la obediencia absoluta al Viejo, ya matando o muriendo, los podría llevar de nuevo a visitar el paraíso que el profeta había prometido a sus fieles seguidores; y que ellos, sin que nadie se los contara ya conocían de antemano a manera de revelación o adelanto de los placeres eternos después de la muerte, esta convicción los acompañaría de por vida.
Cuando el Viejo de la Montaña deseaba deshacerse de sus enemigos o asaltar violentamente las caravanas de mercaderes o peregrinos que se atrevían a pasar por la soledad de sus dominios enviaba a sus asesinos. Los jóvenes eran observados cuando actuaban y siempre había alguien que rendía cuentas del comportamiento, valor y coraje individual mostrado en el asalto, si los resultados eran positivos, para ellos era la gloria y su premio consistía en tener acceso a los festines privados del jefe, donde comían, bebían y gozaban de la danza, canto y deleites corporales de las mujeres que asistían a las orgías. Pero, si en lugar de valor en el asalto, había dado muestras de cobardía o de huir ante el enemigo, el joven era atrozmente castigado y muerto en la más lenta, dolorosa y cruel de las agonías y con la convicción de haber desperdiciado su única oportunidad .
De los enemigos del Viejo de la Montaña se cuenta que no había quien pudiera hacerle frente y sobrevivir, pues si uno de los asesinos fracasaba en el primer intento, siempre había tras él otro hombre listo a cumplir con la orden; y así, una y otra vez, hasta que finalmente la orden era cumplida y se le daba al Viejo cabal respuesta de haber culminado con éxito la misión. Cuentan que por la costumbre de asesinar a sus enemigos el Viejo de la Montaña y sus asesinos eran temidos por hombres humildes y ricos; entre estos últimos los hubo quienes gozando de nobleza y poderío territorial, preferían darle tributo en ciertas temporadas del año, granjeándolo con dinero o en especie, con el propósito de mantener al Viejo contento y en buena disposición hacia ellos; pero, esto era nulificado cuando el Viejo deseaba más o se daba cuenta de que no se le tributaba de manera adecuada.
Cuenta la historia que la secta de los asesinos fue derrotada por el tártaro Ulau, hermano del gran Kahn, en el año de 1256 después de Cristo. Esto fue a petición de los pobladores de aquellas regiones al sur del Mar Caspio, pues se hace relación que fueron ante él e imploraron que acabase con aquella plaga maligna que mantenía en la ruina al país, a su gente refundida en la más humillante de las postraciones y a la juventud hundida en vicios y embrutecida en visiones de poder y gloria inalcanzables. El asedio de la montaña del Nido del Águila, al norte de la antiquísima ciudad persa de Qazvin, lugar donde se encontraba la fortaleza inexpugnable del Viejo de la Montaña, duró por espacio de tres años, porque era fuerte la construcción e inaccesible el lugar, fue el tiempo que tuvieron que esperar a que el Viejo y los asesinos consumieran los alimentos existentes en sus alhóndigas, entonces faltos de víveres sucumbieron y el Viejo de la Montaña fue ejemplarmente castigado con la pena de muerte y su secta extirpada de raíz.
En realidad se comenta que el apodo de Viejo de la Montaña fue llevado por generaciones entre la misma familia o linaje y en la historia de Marco Polo solo se menciona a Aladino Mohamed, penúltimo gran maestre de la secta de los ismaelitas quien gobernó en 1220-1225, pero se comenta que éste fue asesinado por su hijo Rucnedino, quien de este modo alcanzó el poder y al que el tártaro Ulau ejecutó en 1256.
Esta es pues la historia del Viejo de la Montaña y de sus Aassissin “bebedores de hachís” criminales que dieron nombre por su crueldad a los que hoy llamamos sicarios o simplemente asesinos a sueldo o por contrato. Como vemos, pocas cosas cambian en la vida humana, en lo esencial los jefes del crimen siguen utilizando las mismas y antiquísimas estrategias de reclutamiento, mantenimiento y pago de quienes ciegamente obedecen sus ordenes en aras de obtener dinero, poder y una gloria efímera tan solo consignada por la nota roja de los diarios y los corridos.
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