lunes, marzo 21, 2005

Historia de la numismática: Las macuquinas

La Numismática o ciencia que se dedica al estudio de las monedas y medallas antiguas tiene en la Casa de Moneda una arraigada tradición que arranca de la riqueza de plata del Cerro Rico.
Del siglo XVI al XIX se acuñaron para España monedas macuquinas, columnarias y de busto.

Macuquinas >(En inglés "cobs").-

Las macuquinas se fabricaron de 1575 a 1773. Se conoce con este nombre a las piezas de bordes recortados y selladas en cospeles irregulares a golpe de martillo.

Deriva de la voz quechua “makkaikuna” que quiere decir “las golpeadas”.

Las macuquinas tuvieron dos clases: Los de escudo y cruz de Jerusalem (Felipe IV) 1575- 1652; y las de cruz y columnas de Hercules (Felipe IV a Carlos III) 1653 1773. En los dos periodos se sellaron monedas en los valores de 8, 4, 2, 1 y 1/2 reales. Las iniciales más frecuentes de ensayadores son la V en todos los valores y en monedas de 8 reales la E.
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No se acuñaron macuquinas de oro porque la Corona no concedió autorización hasta 1777, época en que se sellaban monedas circulares con cordoncillo.

Un sumario que se remonta a 1650, hizo publica la falta de ley de las monedas macuquinas labradas pese a que antes se determinó por Real Cédula el retiro, función y afinación, siendo reemplazadas por otra también de tipo macuquina de cruz y columnas. En 1653 se dicto en Madrid una Real Cédula que aceptaba estas piezas, dada su buena ley y peso.-
En nuestro país se aceptaron hasta entrado el siglo XIX las macuquinas de la ceca de Potosí por su peso en plata boliviana, de buena Ley.-


De la biblioteca del Centro Filatélico y Numismático de Formosa, adjunto este interesante artículo tomado de un periódico de la Ciudad de Mendoza.-
E.Hyde.-

LAS MONEDAS FALSAS QUE DERROCARON A UN GOBIERNO.-
Las monedas mendocinas “macuquinas” falsas que fueron una de las causantes de la crisis financiera y el Gobernador Pedro Molina fué destituído por el pueblo.-
Por Carlos y Jorge Campana especial para Los Andes
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En 1823 ocurrió en nuestra provincia un hecho que tuvo como principal protagonista a su pueblo, quien a través de sus representantes destituyó al gobernador Pedro Molina.
Mendoza se encontraba en una profunda crisis económica y financiera, entonces el Gobernador por ley, dispuso la amonedación en la provincia.
Desde el gobierno de Juan Martín de Pueyrredón, la situación económica fue agravándose hasta llegar a un punto insostenible. Esta falta de dinero circulante se extendió hacia el interior.

La falsificación de monedas

Anterior a estos acontecimientos, el gobernador de Salta, Miguel de Güemes, se expresaba en una carta a Belgrano quejándose sobre la falsificación de monedas por parte de la gente”. Aquel territorio, se encontraba como en la mayoría de las provincias en quiebra financiera, ya que el ejército realista dominaba la ciudad de Potosí, lugar en donde se producían toda las monedas del Río de la Plata.
Esta misma situación, años más tarde se originó en Mendoza, fomentada por la política de desprotección que impartió el gobierno de Buenos Aires. Otras de las causas de este desequilibrio en las finanzas, fueron las deudas que se generaron a partir de la guerra de la independencia y el emprendimiento de la Campaña a Chile. Esto motivó que nuestra provincia perdiera el mercado chileno, cabe agregar los conflictos entre la región del Litoral y el régimen porteño. Tanto uno como el otro factor impidió la posibilidad de comercializar los productos en otros lugares.

Nace la moneda

El gobernador de Mendoza, Pedro Molina, decidió solucionar el problema y envió a la sala de Representantes un proyecto para crear un cuño provincial, que aquellos aprobaron en el día. Las monedas serían de buena ley y peso exacto, de similar diseño a las antiguas “macuquinas”. Más tarde se intentó extender la troquelación de ochavos de real de cobre con el escudo mendocino. Esta medida, fracasó por dificultades técnicas.
En noviembre de 1822 se grabaron una treintena de monedas de plata, bajo la dirección de José Arroyo, con el avezado tallista Pedro Miranda que había llegado desde la ciudad de Potosí.
A comienzos de 1823, se iniciaron los trabajos de acuñación, pero, gobierno y legisladores seguían en desacuerdo sobre el tipo y los valores de las monedas a emitir, hasta se pensó en su momento, en la fabricación de ejemplares en oro.
En el transcurso de 1823, se habían emitido algunos miles de pesos en macuquinas. Una parte del metal para la acuñación de estas monedas fue utilizado mediante la entrega por particulares, de algunos elementos como vajillas de plata. Aprovechando esta débil circunstancia, no faltaron los inescrupulosos falsificadores e intermediarios, que comenzaron su fraudulenta labor. Esta maniobra dolosa, involucró a algunos comerciantes y hacendados que se favorecieron. Los artesanos ilícitos soñaban con enriquecerse en poco tiempo con la fabricación de monedas “hechas en casa”. Esta idea contagió a muchos que se dedicaron a aquel redituable pero ilegal oficio.
El enorme desacato culminó con la decisión de una fracción de la Honorable Junta de Representantes que dictó una ley condenando a los falsificadores de monedas, aplicándoles penas de 6 años en la cárcel, confiscar todas las monedas halladas y 2.000 pesos de multa.
El coronel Molina propuso contrasellar todo el circulante, lo que se hizo efectivo desde enero de 1824.
En la Legislatura seguían, mientras tanto, discutiendo los proyectos para remediar la grave crisis que afectaba al comercio, especialmente con las provincias limítrofes, donde la moneda falsa mendocina había sido prohibida. Meses después, el Gobierno resolvió sacar de circulación todas las falsificaciones, incluyendo las piezas remarcadas que se estaban imitando en Chile.

La primera inflación

Los tenedores de las monedas sufrieron una pérdida del 25% de su valor, pero se redujo luego al 12, del cual el gobierno provincial tomó un 2%. Esto produjo un gran aumento de los artículos de primera necesidad. Además, los comerciantes se negaron a recibir las monedas. El clima fue propicio para desatarse una manifestación pública que salió a la calle muy disconforme y convocó a sus representantes. En la Plaza Mayor, la gente protestó por los aumentos de precios y la pasividad con que Pedro Molina había procedido a toda esta situación.
La Junta de Representantes, se reunió en la sala capitular del Cabildo. La gente comenzó a presionar y lanzó algunos silbidos e injurias contra el mandatario provincial. Tras este altercado, un grupo de legisladores votó por la destitución del Gobernador y toda su comitiva. La primera acción de esa Junta fue eliminar la moneda provincial y adoptar la nacional.
Al día siguiente, otra vez la muchedumbre se fue congregando en el Cabildo y el Gobernador fue destituido. Se eligió en su lugar a Juan Agustín Maza pero fue tan grave la presión tanto política como económica que gobernó por solamente un día. Luego de la dimisión efectuada por Maza, el Cabildo asumió interinamente hasta que fue elegido José Albino Gutiérrez, quien impuso el cambio de moneda con la pérdida del 10% para los tenedores y la entrega de vales por toda suma que excediera los tres pesos.
Este gobernador tuvo que dirigir con mano dura para salir de este caos financiero.

Las monedas de la discordia popular

Las monedas macuquinas se fabricaron en nuestro país hasta 1830. Se conoce con este nombre a las elaboradas a golpe de martillo.-
Existen dos principales versiones sobre su etimología: un derivado de la voz quechua “makkaikuna” que quiere decir “las golpeadas”. La otra proviene del árabe, vocablo “makuk” que significa “cortar o desgastar”.
En 1650 se hizo pública la falta de ley de las monedas macuquinas labradas, pese a que antes se determinó por Real Cédula el retiro, función y afinación siendo reemplazadas por otra también de tipo macuquina de cruz y columnas. En 1653 se dictó en Madrid una Real Cédula que aceptaba estas piezas, dada su buena ley y peso.

Su fabricación

El mineral que se extraía era trasladado a los ingenios donde se procedía a la combinación con el mercurio o azogue, con el fin de separar la plata de sus impurezas. Ya limpio era traído a la Casa de Moneda, donde fundidos a 960,5 grados centígrados era convertido en lingotes.
Los hornos contenían dos soportes de hierro que sujetaban una cesta que esta, a su vez, soportaba un crisol de grafito, completándose con un cucharón, rieleras o lingoteras y fuelles para dar aire. El fuego en los hornos era alimentado con leña y mezclado con excremento seco de llama que tenía la propiedad de arder más tiempo, elevar la temperatura y producir menos humo.
Solidificado el metal pasaba a las máquinas laminadoras para su compactación.
La Casa de Moneda, estaba compuesta por el Tesorero que era la máxima autoridad, el Ensayador que tenía la misión de analizar y verificar los detalles pertinentes colocando también las iniciales de su nombre en las monedas. Cualquier irregularidad o fraude eran de su exclusiva responsabilidad. El Fundidor, obedecía las instrucciones del Ensayador. El Tallista labraba los cuños y el Balanzario controlaba el peso de las monedas.
Además de estos oficiales trabajaban otras personas que cumplían tareas auxiliares.

Hágalo usted mismo

En 1823, durante la crisis económica en Mendoza, los falsificadores realizaban sus “producciones” en sus casas y sin ningún escrúpulo. Este proceso era relativamente fácil, se tomaba una lámina o plancha de metal de plata o cobre y se la golpeaba hasta contener el mismo tamaño peso y espesor que la original. Luego, se procedía a la acuñación, con cuños tallados por los adulteradores. Posteriormente, se conducía a circularlo libremente.
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