miércoles, marzo 30, 2005

Historia del Africa: Los problemas de la descolonización.-

LA REBELION DE LOS SIMBAS

ANDRE-DESIRÉ KABILA

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Antiguo diputado del parlamento provincial de Katanga en representación del districto de Manono, Kabila es un lumumbista de la primera generación. Militó en las filas de Jason Sendwe, presidente de la Balubakat (Asociación de los Balubas del Katanga) y de la provincia del norte de Katanga, opuesta a los líderes separatistas del sur del Katanga (Moïse Tshombe, Godefroid Munongo y Jean-Baptiste Kibwe).

El asesinato de Sendwe junto al anterior de Lumumba, el líder del Movimiento Nacionalista Congoleño (MNC) y primer ministro del primer gobierno congoleño, por aquellos líderes, radicalizó su actitud convirtiéndole en el responsable del maquis del este, cuando estalló la rebelión marxista-lumumbista contra el imperialismo occidental y sus agentes de Léopoldville (Kinshasa). Dicha rebelión fue impulsada por el Consejo Nacional de Liberación (CNL), creado el 3 de octubre de 1963, en Brazzaville, por Christophe Gbenye, Etienne Mbaya y Benoît Lucouyard Lukunku con el objetivo de instaurar en el Congo un gobierno revolucionario, nacional y popular, en la línea de Patrice Lumumba.

Entre abril de 1964 y junio de 1965, Pierre Mulele se apoderó de todo el territorio del Kwilu-Kwango, en el Bandundu, mientras que Laurent Kabila, que acababa de recibir una formación acelerada en China en las técnicas de guerrilla, controló el territorio que se extiende desde Kalemie hasta Moba en el norte del Katanga, y la zona situada entre Uvira y Fizi, en el Kivu.

La rebelión, por su superioridad mágica (las "dawas" o fetiches de los guerrilleros "simbas" ante las cuales las tropas gubernamentales se desbandaban), consiguió controlar en tres meses el 50% del territorio nacional, prácticamente sin combates, proclamando en Kisangani, el 4 de agosto de 1964, la República Popular del Congo, encarnación de la "segunda independencia", frustrada por la operación mencionada "Dragon Rouge", el 24 de noviembre de 1964. Los rebeldes, por sus mantanzas indiscriminadas de la población y la toma de misioneros europeos como rehenes, crearon un clima desfavorable a su lucha.

En la conferencia celebrada por el CNL, el 7 de abril de 1965 en El Cairo con la participación de los representantes de los países africanos progresistas, se creó el Consejo Supremo de la Revolución (integrado por 15 miembros y 3 zonas militares) cuya presidencia fue confiada a Gaston Soumialot y las dos vicepresidencias a Pierre Mulele y Laurent Kabila, mientras que Abdoulaye Yerodia Ndombasi fue elegido como presidente ejecutivo, encargado de la orientación revolucionaria del movimiento.

Kabila se refugió en Tanzania, territorio a partir del cual intentó organizar la contraofensiva, creando un embrión de maquis en el triángulo Uvira-Fizi-Baraka. Es allí donde recibió la visita del Che Guevara, el 24 de abril de 1965, acompañado de 120 cubanos y 200 tutsis ruandeses que atacaron, a la demanda de Kabila, la central de Bendera. Este ataque fracasó y el 21 de noviembre del mismo año, el Che tuvo que marcharse a Kigoma, en Tanzania, decepcionado por la falta de combatividad de los guerrilleros de Kabila. En sus diarios le recriminó sus escasas apariciones al frente y en el maquis, para animar a sus hombres, además de denunciar las permanentes disputas étnicas y de poder entre los dirigentes de la rebelión, sin disciplina, sin orden, sin ideología y sin un proyecto coherente de sociedad. El Che quiso hacer una revolución sin revolucionarios.

El 24 de diciembre de 1967, Kabila creó el Partido de la Revolución del Pueblo (PRP), intentando reavivar la lucha, financiada por sus actividades comerciales de oro y diamantes, a través del Lago Tanganyika, y culminada con los ataques de Moba, en 1984 y 1985.

Pasó una década casi desapercebido, entre Tanzania y Uganda, con efímeras actuaciones, pero negándose cualquier acercamiento con el poder mobutista, cuyo derribo seguía siendo su objetivo sublime.

En octubre de 1996, Kabila reaparece en un contexto totalmente diferente. Los tutsis banyamulenges, amenazados de exterminación y expulsión por el poder mobutista, atacan con el respaldo de Ruanda los campos de refugiados en el este el Congo, donde las ex FAR y las milicias interahamwes, responsables del genocidio tutsi de 1994, preparaban un retorno por la invasión.

Para no dar la impresión de una agresión a partir de Ruanda, se resucitó a un líder histórico congoleño, preferentemente bantú y luba, al que se confió la dirección del movimiento y la misión de llevar a cabo la guerra sucia.

De portavoz, por ser políglota y el más anciano de los líderes de la rebelión, Kabila pasó a ser presidente de la AFDL. Utilizó, junto a la rebelión armada, muchas otras estrategias para conseguir aquel objetivo: los contratos firmados con las multinacionales norteamericanas y surafricanas para financiar la guerra, el apoyo de los países vecinos para acabar con su desestabilización por el régimen mobutista, la cohesión en el seno de la AFDL en torno al antimobutismo, las operaciones de seducción con respecto al pueblo exasperado por la larga dictadura y el bandolerismo de Mobutu y su clan, y la unión de la clase política congoleña ante un poder en fin de reino, etc. De este modo, consiguió realizar un viejo proyecto en el que fue uno de los pocos en creer: la caída de Mobutu y la toma del poder en Kinshasa, el 17 de mayo de 1997.

Desde el principio Kabila, el "rehen de los tutsis", sorprende: recuperación de las metas antiimperialistas y nacionalistas de la década de los 60, en particular lumumbistas, exclusión de la oposición interna con la concentración en su persona de los poderes ejecutivo, legislativo y militar, revisión de los contratos firmados con las multinacionales para adecuarlos con los intereses nacionales -en un contexto de pauperización extrema del pueblo heredada del mobutismo y que impone la apertura a las inversiones y a la ayuda externas-, marginación progresiva de los banyamulenges reemplazados por los fieles y parientes o sea la "katangalización" desde adentro duplicada con la "congolización" desde afuera, brusco distanciamiento con respecto a sus aliados de ayer, diplomacia independiente y provocadora con las visitas a Libia, China y Cuba, política maoísta de moralización de la vida pública con el inicio de rehabilitación del Estado de Derecho...O como sintetiza Frédéric Dorce: "A Kabila se le puede reprochar de todo, salvo el ser una marioneta de Occidente". Ello condujo a su aislamiento político, económico y diplomático del que aprovecharon los decepcionados de sus filas y sus aliados regionales, para intentar acabar con su poder y sustituirle por otro, mucho más dócil, para servir sus intereses.

El veterano guerrillero de 57 años, astuto y acostumbrado a burlar los cercos del Ejército y de los servicios de seguridad mobutistas durante tres décadas, escapó de milagro y pudo mantenerse, cuando su caída, ya cantada por más de uno, era evidente, por su capacidad a convencer a sus amigos (a José Eduardo dos Santos con la prueba de la colaboración entre la Unita y la rebelión, a Robert Mugabe y Sam Nujoma con la amenaza del expansionismo y agresión tutsis). Sale de esta situación mucho más fortalecido en lo interno, dotándose de una imagen nacionalista y beneficiándose del apoyo del pueblo que ha rechazado unánimente la rebelión, pero debilitado en lo externo puesto que ha de acomodarse a la nueva realidad internacional y someterse a los caprichos de sus salvadores, que le pasarán factura. Del hombre de nadie podría pasar a ser el de alguien. Y su supervivencia política es función de su capacidad de democratizar su régimen.
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