domingo, abril 03, 2005

Historia argentina: Los bufones de Rosas.-

Capítulo XVI. La casa de Rosas por dentro

Después de la descripción que acabamos de hacer, nuestros lectores no deben esperar que contraposición ninguna siga a lo que dejamos descrito. Es una verdad innegable que el individuo imprime su carácter a cuanto lo rodea; cada objeto que le pertenece, tiene en sí algo peculiar al dueño; el vestido, los muebles, la cosa más insignificante, se pueden considerar como otros tantos rasgos de la persona que se quiere estudiar.
Por eso, la barbarie, el salvajismo, el retroceso de toda idea de civilización están impregnados en la atmósfera de la casa Rosina*; por eso no debemos buscar allí la armonía pacífica de la familia, la santa poesía del hogar doméstico, el todo que representa y caracteriza las gentes de vida laboriosa y tranquila, de conciencia pura y alma virtuosa... Es verdad! el semblante es la máscara del ser moral; la palabra puede ser el resultado del cálculo y no del sentimiento, el intérprete de la mentira y no de la verdad y el honor; pero es imposible nunca que el todo que representa y compone la familia, pueda engañar; es imposible que una familia de asesinos, pueda nunca tener el aire de una familia de buenos y honrados individuos.
En cualquier clase de la sociedad, que coloquemos los dos tipos antípodos, el vicioso y el virtuoso, ellos tienen rasgos tan particulares y tan suyos que son inequivocables.
Los individuos de la familia Rosas son varios; pero nosotros sólo conoceremos aquellos que tengan relación con esta historia.
El mismo desorden que reina en las instituciones, reina en la sociedad, y después en el interior de la familia. Rosas es el amo del pueblo, por consiguiente es también el amo de la familia. La Federación tal cual como él la entiende, es decir, matar, robar, oprimir a sus semejantes, reina también en el interior de su casa, donde hace soplar a fuelle y chicotear a quien le desagrada, y a veces por un mero entretenimiento.
En la sala de recibo se tienen generalmente las señoras de la casa; es aquel el lugar donde se reciben las continuas felicitaciones, se decreta la ruina de tal o cual familia, la muerte de tal o cual individuo... mas no apresuremos los acontecimientos!...
Conduciremos al lector a una de las escenas domésticas de la vida privada del tirano.
Las cuatro de la mañana daba la campana del Cabildo; Rosas terminaba su comida**; los que estaban en la mesa se levantaron y su hija Manuela bajó dándole las buenas noches, a los otros pisos de la casa.
Rosas ocupa el mirador y generalmente se echa sobre un sofá a reposar porque el sueño, ha mucho tiempo que no viene a sus ojos.
En el fondo de la sala están dos armarios que constituyen un archivo; a poca distancia su gran mesa de despacho, sillas esparcidas por el cuarto; en un rincón, un braserito con una caldera de agua hirviendo para el mate y cerca de ellas las preparaciones necesarias.
Al entrar Rosas a su cuarto, iba seguido por dos grotescos personajes que tendremos ocasión de encontrarlos aun en el resto de esta historia.
Rosas, es alto y grueso; su tez blanca, fina y rosada; la cabeza inteligente, las cejas finas, los ojos azules claros, de mirada escudriñadora y feroz; la nariz larga y aguda; la boca sumida, con labios apenas perceptibles. Parece que aquel hombre no nació ni para sonreírse ni para permitir en sus semejantes el más breve destello de placer; es uno de aquellos individuos que ciertamente nacieron para aflicción del género humano; como si dijéramos la epidemia personificada. Su edad será de unos cincuenta y siete o cincuenta y ocho años. Sus cabellos rubios y sedosos empiezan a encanecer, porque así como la desgracia, el crimen ejerce sobre los individuos su temible influencia!
Los dos personajes que lo seguían, eran dos grandes mulatos, asquerosos y sucios, casi desnudos respondiendo a los nombres de Bigúan y el otro al de Mulato Gobernador!
Estos dos infelices, medio idiotas, medio locos, son las víctimas de todos los caprichos y barbaridades de Rosas, son sus bufones particulares; porque Rosas, como los antiguos monarcas de la edad media, tiene sus locos o bufones con qué divertirse. La única diferencia es, que él se ríe no de las agudezas de éstos porque son dos locos insulsos, sino de los tormentos que les hace sufrir, cuando está de mal humor.
Al echarse sobre el sofá, dijo: Mientras llega la hora del mate voy a echar una sesteada; vamos mis mulatos, para poder dormir a mi gusto, hagan ahí una cuestión entre los dos y que sea fuerte.
Al decir esto, se acostó poniendo a su lado un grueso chicote, y el inevitable fuelle.
-¿Y sobre qué ha de ser la cuestión? -preguntó Bigúan.
-Sobre cuál de vosotros dos merece mejor ir en mi lugar al primer convite o baile que se me dé.
-Bravo! -dijeron ambos mulatos, dándole palmas. Rosas cerró los ojos sin perderlos de vista, y los dos antagonistas dieron principio, hablando ambos casi al mismo tiempo, cosa que infinito divertía a su amo.
-Debo ser yo naturalmente quien vaya en lugar de Juan Manuel -dijo el mulato-gobernador.
-No hay tal; Juan Manuel sabe bien lo que hace para mandarte a ti que eres un mulato más asqueroso que un unitario; ¿yo que soy el inmortal Bigúan debo de ser el que vaya?
-Tú eres un pedazo de borrico!
-Y tú un carnero!
-Yo soy el mulato-gobernador!
-Y yo soy Bigúan, a quien soplan dos y tres veces por día, con el objeto de salvar, a la entrada de Corbalán y Victorica!***
-También me soplan a mí! y sobre todo yo fui quien en el coche de gobierno, fui al banquete dado por los guardias nacionales**** a Juan Manuel mi aparcero! por más señas que me emborraché de lo lindo y vomité sobre la mesa!
-Linda gracia!
-Vean qué político; ché! cuidado!
-Ea, loco!
-Cállate tú, borrachón!
-Silencio, canalla!
Una larga serie de frases incoherentes siguió, entre tanto Rosas fingía dormir. Así que los locos comprendieron esto, haciéndose señales de inteligencia, los dos se callaron y fueron cada uno a echarse en un rincón porque caían de sueño y cansancio.
Rosas los dejó cerrar los ojos y así que su respiración tranquila y sonora anunció ese sueño de quien descansa con placer de un trabajo forzado, Rosas se levantó despacio, tomó el fuelle y se acercó al mulato-gobernador; el infeliz despertado tan terriblemente, sufría su tormento en silencio con gesticulaciones indecibles y contorsiones espantosas, que hacían reír a Rosas con esa risa de tigre que no se puede describir; así que el mulato no podía aguantar más, lo dejó y tomando el chicote, empezó una fuerte tunda sobre Bigúan, que despertado de sobresalto quiso gritar, pero su amo le ordenó de reír en vez de llorar, porque esta contraposición lo divertía, al paso que el otro mulato había comenzado lo que en su lenguaje bárbaro él llamaba una salva. Era este un momento de buen humor para Rosas! una de sus diversiones favoritas, y escenas del interior de su vida privada.
Estaba ya harto de reír, cuando Corbalán se presentó, habló un momento con él, salió y volvió acompañado de un hombre bajito con una gorra de piel de oso en la cabeza, la que se quitó respetuosamente al entrar, descubriendo su rostro desfigurado por una enorme cicatriz.
Rosas sentóse al pie de la mesa con aire severo, y el individuo quedó de pie y a corta distancia.
Esto prueba que entre los malvados hay también su jerarquía y que Rosas no es un malvado ordinario.

* "Rosines", partidarios de Rosas. (La Autora).
** Rosas come generalmente a la una, dos o tres de la madrugada, y duerme sólo momentos. (La Autora).
*** Esto es histórico y Rosas lo ejecutó por vez primera el año 1830, en un consejo de ministros.
**** Histórico, 1855. (La Autora).
Tomado de "Episodios Históricos de la Epoca de Rosas" de Juana Manso de Noronha (1819-1875)- 2da.edición-Buenos Aires.-
El libro es muy interesante, si se deja de lado al época en que fué escritoy la posición ideológica de su autora.-
E.Hyde.-
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