martes, febrero 21, 2006

Literatura: Un cuento.-

LOS PRIMOS.-
En los lejanos años en que semidioses y héroes aún vivían mezclados con los humanos, existió una pequeña ciudad, construida con la blanca caliza que formaba una de las pequeñas islas que adornan el mar Egeo.-
En ella, gobernaba un tirano caprichoso y cruel, que era odiado por buena parte de su pueblo y temido por la otra, de manera que sólo estaban de su lado aquellos que obtenían alguna ventaja de aquella circunstancia.-
Vivían también allí dos familias, emparentadas entre si.- Una de ellas, era cercana al déspota y recibía sus favores; en la otra se tejían conspiraciones para acabar con su reinado corrupto y decadente.-
Una tarde, ya casi al ocaso, se cruzaron en la plaza de los mercaderes, Gares, primogénito de la familia de Lateles, y Deocles, de la familia de Games.- La familia fundada por el viejo Lateles sirvió toda su vida al dictador y por ello Gares tenía un cargo de altísima importancia en el Palacio; por su parte el hermano mayor de Deocles era uno de los líderes de la insurrección a punto de estallar.- Gares y Deocles eran además, primos.-
-¡Saludos, primo! dijo Gares, deteniendo su andar ¡Celebro el favor de los Dioses que me han permitido hallarte; justamente deseaba hablarte!
Deocles, desconfiado, le respondió a su vez:
¡Saludos, primo Gares! Realmente veo que te encaminabas hacia mi casa, allá cruzando la calle...¿Qué necesidad te lleva a buscarme?
Gares, se acercó unos pasos, y en tono amistoso e íntimo le dijo:
-Tu bien sabes, primo Deocles, que en mi familia es tradición servir al soberano y lo hemos hecho bien y a lo largo de muchos años...
-Así es, admitió Deocles.-
-Ello, continuó Gares, nos ha traído bienestar y riquezas y yo, sabes la posición de importancia que ocupo en el gobierno.- El Rey está viejo y enfermo y no tiene descendencia, así que es natural que sea yo, que soy el que mejor conoce de sus asuntos, el que ocupe su puesto el día que los Dioses lo lleven...ahora es mi turno de disfrutar de todos aquellos placeres que el se reservó para si mismo ¿Me comprendes primo?
-Te escucho, pero no te comprendo; le respondió Deocles, aún asi, continúa...
-Pues bien, ambos sabemos que Filias, tu hermano mayor, encabeza una conjura para acabar con la vida de nuestro soberano...mis espías lo han confirmado y hasta sabemos que se esconde en las cuevas del Monte Larto...
Deocles se sintió invadido por una oleada de inquietud, mas no mostró señal alguna de miedo y respondió al acusador:
-Ya que estás tan seguro no es sabio negarlo pero...¿ que esperas que yo haga?
-Somos primos, le respondió a su vez Gares, no lo olvides.- No podemos ser enemigos.- Ustedes deben dejar sus planes y cuando yo me haga con el poder sabré compensarlos; debes ir y decir eso a tu hermano, y dile además que si no lo hace, no tendré piedad y olvidando nuestro parentezco caeré con el hierro sobre todos ustedes hasta que el blanco de la piedra se torne rojo
-¿Nos amenazas, primo? dijo Deocles.-
-Les advierto solamente.- Se que tu no estás involucrado y es por eso que acudo a ti para lograr mi propósito... bien ves, estoy solo y no es mi deseo hacerte daño alguno, pero ya es tarde para impedir que sea yo el nuevo monarca de la ciudad...por ello, debes hacerme caso.-
-No eres sabio, primo, contestó Deocles ¿por qué te empeñas en vivir la disoluta vida de tu amo? Sabes bien que nos trajo guerras, hambre y desgracias y mientras el en su palacio se hartaba de cerdo, hidromiel y frutas, las viudas lloraban a sus esposos muertos en la batalla, las madres a sus hijos y los huérfanos a los padres que ya jamás los alzarían en sus brazos.-
-Me maravilla tu imprudencia; continuó Deocles, mientras Gares lo miraba con irritación mal contenida ¿Cómo puedes desear ser igual al necio que, en su insensatez y locura, desafió hasta a los Dioses, cuando aquella noche de lujuria obligó a las vírgenes del templo a servir de rameras para el goce de sus convidados?
-Deja que el maldecido por los Dioses sufra su muerte y se olvide su mal gobierno y a quienes lo secundaron.- Ven con nosotros al campo, sé y vive como un hombre de paz, dedicado a tu familia y cría hijos.- Un día ellos estarán orgullosos de su padre...
-¡Pobre necio, Deocles! ¿con eso te conformas? gritó Gares, replicándole con voz conmovida, ya sin poderse contener ¿crees que esa vida es para mi? ¡No, yo ya he elegido! ¡Mía será la vida del Rey, míos sus placeres y mías sus riquezas! Y todo aquel que trate de impedirlo morirá entre las piedras del barranco del Sur o llorando su desgracia en los subterráneos de los que jamás se sale.- Te lo repito primo, exige a tu hermano que cese su conspiración o morirán todos.- Te doy tres días para traerme la noticia de que tu familia me es leal.-
¿Entonces, insistes en tomar la vida del tirano como la tuya propia, primo? Le replico Deocles, retrocediendo varios pasos.-
¡Si! Lo exijo porque es mi derecho, le respondió el funcionario; son los Dioses lo que así lo mandan...
-¡Sea entonces, primo! Ya que tanto anhelas vivir la vida de otro, muere entonces también su muerte! Le gritó Deocles, y en un movimiento rapidísimo, hundió un afilado puñal que llevaba disimulado en los pliegues de su túnica, justo debajo de la garganta de Gares, quien cayó ahogándose en su propia sangre.-
Mientras Deocles abandonaba rápidamente el lugar para avisar a su hermano que la revuelta había comenzado, Gares aún no podía creer que moría; pero los Dioses, justo en su último minuto, llevaron claridad a su mente y solo entonces pudo entender que ya, desde el mismo momento en que decidió suplantar al tirano, eligió también su destino.- Quiso arrepentirse pero ya era tarde y el carro de Las Parcas se había detenido junto a el, -un bulto ensangrentado, iluminado por la luna en el centro de la plaza- para conducirlo a la morada de los muertos.-
Eduardo Hyde, Formosa, 15 de Mayo de 2005.-
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