lunes, febrero 06, 2006

Para la Historia de América

Un interesante artículo para conocer un poco mas a Elisa Lynch, la mujer del predidente del Paraguay Don Francisco Soláno López (Primera parte)

Elisa Lynch
HISTORIA DE AMOR, TRAICIÓN Y MUERTE
Por Amanda Paltrinieri

Para algunos, una arribista; para otros, una mujer heroica. La compañera del mariscal Francisco Solano López conoció las mieles del poder, acompañó a su amante y a su hijito durante la guerra de la Triple Alianza, los vio morir y los enterró con sus propias manos. Su figura, todavía controvertida, será rescatada por el cine.

Si se mantienen los cronogramas planteados cuando el director Eliseo Subiela hizo el anuncio, entre septiembre y octubre comenzará a filmarse Corazones en llamas. La película, pensada como una superproducción con capitales del Mercosur, girará alrededor de los amores entre el presidente paraguayo Francisco Solano López y la irlandesa Elisa Lynch, con el trágico telón de fondo de la guerra de la Triple Alianza.
Más allá de que se logre un buen o mal filme, la historia tiene todos los ingredientes para levantar polvareda. Por un lado, tocará el espinoso tema del papel que jugaron la Argentina, el Brasil y Uruguay en la destrucción del Paraguay como nación pujante.
Por el otro, el recuerdo de Madame Lynch, cuya figura puede compararse con la de Eva Perón en cuanto a las pasiones que despertó y los adjetivos que supo cosechar: para muchos fue una arribista e inescrupulosa que hizo cuanto pudo para satisfacer sus ambiciones personales; para otros tantos, una mujer valerosa que dejó todo por seguir al hombre que amaba, combatió hasta último momento junto a él y su hijo adolescente y murió después de haberlo perdido todo.
La señora de Quatrefages
Como Evita, Elisa Lynch tuvo una infancia desamparada: apenas quedó huérfana de padre, cuando tenía diez años, su madre se desembarazó de ella y de su hermano John, de catorce. El chico ingresó en la marina británica; ella fue a parar a un internado en Dublin. Al tiempo, la viuda volvió a casarse.
Del internado Elisa sólo sacó dos cosas positivas: una buena formación cultural y la amistad de una compañera, Eduvigis Strafford.
Su destino, en el mejor de los casos, era el de convertirse en institutriz o algo por el estilo. El modo que eligió para escapar de esa realidad no fue el mejor: a los quince años, entre 1850 y 1851, se casó con Carlos Javier de Quatrefages -un médico militar francés casi cuarentón que le había presentado su hermano- y se fue a vivir con él a Argelia. No tardó en arrepentirse.
Hay dos versiones del encuentro entre Elisa y Francisco Solano López, quien llegó a Europa en 1854 como ministro plenipotenciario enviado por su padre, Carlos Antonio López, presidente del Paraguay. Cada versión, por supuesto, coincide con la visión que se tenga de Elisa.
La más romántica dice que el encuentro fue en Argel y que el flechazo fue instantáneo. A los diecinueve años Elisa ya se había desencantado de su marido y de la vida mediocre en la colonia francesa. La seducción de López y las maravillas que hablaba de su tierra bastaron para encender la imaginación de la joven al punto que decidió abandonar a su marido. Sin decirle a Quatrefages que se trataba de una separación, Elisa viajó a visitar a su amiga Eduvigis. En Londres volvió a ver a López y combinaron para encontrarse más adelante en París.
La otra versión es mucho más sórdida. Dice que Quatrefages prácticamente tiró a Elisa en brazos de su superior, un coronel apellidado D’Aubry, para conseguir ascensos en su carrera. La aparición de otro amante (el conde ruso Mijail Meden) derivó en un duelo que le costó la vida a D’Aubry. Quatrefages, preocupado por los alcances del escándalo, "exilió" a su mujer, quien finalmente recaló en París y comenzó a trabajar en una casa de citas. Por esos días, un asistente de López pensó en ella para distraer al joven recién llegado.
Lo cierto es que, juntos, Francisco y Elisa conocieron a Napoleón III y la emperatriz Eugenia y recorrieron las principales ciudades de Europa. Entretanto, Elisa quedó embarazada de su primer hijo, Panchito, y López pagó a Quatrefages el dinero que éste exigía para conceder el divorcio.
A fines de 1854, López volvió al Paraguay a bordo del Tacuarí, un buque de guerra que había comprado para su país. Elisa lo siguió en otra nave: convencida de que iban a casarse, se lanzó a la aventura de vivir en esa tierra lejana que su amante le había pintado como una potencia de riquezas incomparables y paisajes maravillosos.
El milagro paraguayo
Francisco Solano López no le había mentido en algo: a mediados del siglo pasado Paraguay era una rara perla en el continente. Mientras las naciones hispanoamericanas vivían un continuo baño de sangre, el país se mantuvo entre 1816 y 1840 con las fronteras virtualmente cerradas, gobernado por el dictador supremo Gaspar Rodríguez de Francia, cuya obsesión (aparte de aplastar toda posibe oposición) era defenderse de las aspiraciones hegemónicas de Buenos Aires y de su otro poderoso vecino, Brasil. A pesar de su absolutismo, Francia dejó a su muerte un Paraguay de campesinos sin pobreza ni esclavitud, sin guerras intestinas y con una economía sólida.
El padre de Francisco, Carlos Antonio López (quien asumió la presidencia en 1844), dio otra vuelta de tuerca a la economía e industrializó el país. Quebró parcialmente el aislamiento contratando técnicos extranjeros y enviando jóvenes para estudiar en el exterior; construyó el primer ferrocarril y el primer telégrafo de Sudamérica, creó una flota mercante y hornos de fundición y afianzó la agricultura y la ganadería con obras de irrigación y mejoras técnicas. Pero López también veía como inevitable el conflicto que se desataría después de su muerte: las aspiraciones territoriales de Brasil y la Argentina, sumadas a los intereses británicos (opuestos a los paraguayos, cuya economía estaba en manos del Estado) no presagiaban nada bueno. Mientras hacía valer su muñeca diplomática, comenzó a preparar el país para llegar a la guerra en las mejores condiciones posibles.
Decepción y desquite
Apenas llegó a Paraguay, Elisa supo que no habría casamiento. Además de la oposición familiar hacia ella -rayana en el odio- y del desprecio de la sociedad paraguaya, estaba Juanita Pesoa, un antiguo amor que ya le había dado un hijo a Francisco. Hubo muchas otras mujeres en realidad, pero las dos siguieron con él hasta el fin.

CONTINÚA EL PRÓXIMO LUNES.---------------------------------------------------
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